Ganadería familiar y conservación de razas autóctonas en peligro de extinción
En plena dehesa de encinas de solana, donde durante siglos se practicó la trashumancia invernal, la finca La Patilla mantiene vivo un modelo ganadero ligado a la tradición y a la biodiversidad. Son 430 hectáreas divididas en unas 18 parcelas, gestionadas como un mosaico de recursos donde conviven 400 ovejas merinas negras, 240 cabras veratas y 30-40 cerdos ibéricos 100% de montanera en ciclo cerrado. Todas son razas autóctonas, adaptadas al territorio y catalogadas como en peligro de extinción, cuya cría y selección se realiza con un firme compromiso por conservar su pureza y sus cualidades.
La titularidad es familiar y el día a día combina el trabajo en el campo con la transformación artesanal. Las ovejas merinas negras se destinan a carne, vendiéndose los corderos al destete. Las cabras veratas, de aptitud mixta, producen carne y leche, que se envía íntegramente a la quesería que regenta la hermana de Luis, la Quesería La Patilla, en Aliseda, donde elabora quesos artesanos con ayuda de otra trabajadora a media jornada. Los cerdos ibéricos completan su ciclo de vida en la finca, aprovechando la bellota en montanera antes de su venta.
El manejo es siempre extensivo, con los animales pastando al aire libre todo el año. El ovino sigue un plan de pastoreo rotacional cuidadosamente diseñado, mientras que el caprino se maneja de forma más flexible debido a su conocida facilidad para “explorar” más allá de las cercas. El porcino también rota por las parcelas, siguiendo la disponibilidad natural de recursos, especialmente la bellota. La reproducción es siempre natural y, en época de partos, se extreman las medidas de protección: las ovejas paren en cercas pequeñas acompañadas de perros guardianes para evitar pérdidas, y los cabritos se estabulan temporalmente en nave para asegurar su supervivencia. En total, cuatro mastines vigilan el rebaño —dos con ovejas y dos con cabras—, y perros Border Collie y Carea ayudan en el manejo diario.
Las instalaciones incluyen dos naves ganaderas, una casa y once charcas distribuidas estratégicamente. La alimentación se basa en pastos y recursos propios, complementada con paja y pienso en función de la especie y la certificación: las ovejas, en su segundo año de transición a ecológico
La Patilla forma parte de la cooperativa Cooprado, de la agrupación Sierra de San Pedro y de San Isidro de Brozas, así como de las asociaciones de raza verata, merina negra y cerdo ibérico. También ha colaborado en proyectos de conservación y manejo sostenible impulsados por la Fundación Global Nature.
Su labor demuestra que es posible producir alimentos de calidad y mantener vivo el patrimonio genético y cultural del campo extremeño, integrando economía, tradición y naturaleza en una misma visión de futuro.