Luis Calderón Nájera – Villaldavín (Palencia)
Ganadería extensiva entre encinas: equilibrio, rusticidad y respeto por el ritmo natural
En las lomas suaves de Villaldavín, al sur de Palencia, la ganadería El Carrascal, de Luis Calderón Nájera, desarrolla su actividad en un monte adehesado de 36 hectáreas de encina, donde el ganado vacuno vive al ritmo que marca la tierra. Aquí, los animales pastan libremente todo el año, sin estabulación ni interrupciones, en un modelo de manejo extensivo que prioriza el bienestar del animal y el aprovechamiento sostenible de los recursos locales.
Con un rebaño formado por vacas de raza Angus (red y black), algunas Pardas de Montaña —raza autóctona— y cruces entre ellas, Luis ha elegido animales especialmente rústicos, bien adaptados al clima y muy manejables. Las vacas se reproducen por monta natural y paren libremente en el campo, siguiendo su ciclo sin intervención artificial.
El pasto, la bellota y el ramoneo suponen la base de su alimentación. Además, en parte de la finca se cultiva avena como forraje directo que también es pastado. Durante el invierno se les aporta paja de cereal para asegurar el aporte de fibra, distribuyéndola por todo el terreno, y solo en años especialmente duros se les ha suplementado puntualmente con alimento seco. El uso de recursos externos es mínimo y la dependencia del pienso, anecdótica.
El manejo del rebaño se realiza mediante rotación entre tres grandes zonas cercadas, optimizando el uso de la vegetación disponible en cada época del año. Las instalaciones son sencillas pero funcionales: corral, manga y almacén, además de un pozo que abastece un abrevadero para el ganado.
La producción se centra en la venta de terneros para cebadero y en ocasiones para vida. El rebaño presenta una salud robusta: apenas ha sido necesario recurrir a servicios veterinarios más allá de algún mal parto, y los controles sanitarios se realizan con regularidad por parte de la administración autonómica.
Aunque actualmente la ganadería no está certificada como ecológica, tanto los pastos como la avena que se cultiva sí lo están. Esta conexión con la tierra, el manejo respetuoso y la sostenibilidad en el uso de recursos hacen de este proyecto un ejemplo discreto pero firme de cómo puede funcionar una ganadería extensiva bien adaptada a su entorno.
En Villaldavín, Luis no solo cría terneros: cuida un ecosistema, mantiene un paisaje y da continuidad a una manera de hacer ganadería donde el tiempo, la tierra y los animales se respetan mutuamente.