Treinta años de pastoreo tradicional con la oveja churra y el lechazo de calidad
En un pequeño pueblo de la Montaña Palentina, donde apenas tres casas siguen habitadas, la ganadería de José Luis Fraile Bascones mantiene viva una forma de pastoreo que combina tradición, conocimiento del terreno y compromiso con la calidad. Desde hace más de 30 años maneja un rebaño de 700 ovejas churras, raza emblemática de Castilla y León, reconocida por la Indicación Geográfica Protegida Lechazo de Castilla y León, única producción de esta explotación.
El manejo se apoya en dos fincas valladas en propiedad —de 10 y 12 hectáreas—, una de pastizal y otra con pinos de repoblación, que ofrecen pasto todo el año. A ellas se suman 120-130 hectáreas de montes comunales y otras zonas de aprovechamiento estacional: robledales, rastrojeras, cuestas arbustivas y matorral mediterráneo de brezos y tomillos. También dispone de dos arreaderos de 500 m² cada uno, vallados con pasto y robles, pensados para el descanso y manejo estival. Los abrevaderos distribuidos en cada cercado aseguran que siempre haya agua disponible.
El pastoreo es tradicional dirigido, fundamental en las labores de limpieza de montes y en la prevención de incendios. Excepto las madres criando, todas las ovejas salen al campo todos los días que el clima lo permite: en invierno unas 4-5 horas y en verano más de 10. Por la noche siempre regresan al resguardo, nunca duermen al aire libre. En invierno, durante las horas de estabulación, tienen silo de raigrás y paja a libre disposición, ambos procedentes de agricultura propia. En verano se alimentan únicamente del pasto disponible en el exterior.
La reproducción es mayoritariamente natural, aunque cada año unas 58-60 ovejas son inseminadas artificialmente para mejorar la genética del rebaño, seleccionadas a partir de observación y datos de la aplicación de ANCHE (Asociación Nacional de Criadores de Ganado Ovino de Raza Churra). El calendario de partos se organiza en 4-5 parideras anuales.
En esta explotación también convive una pequeña docena de cabras, cinco mastines que protegen al rebaño, tres careas que ayudan en el manejo y doce gallinas que completan el paisaje rural. José Luis trabaja solo, sin empleados, y su rebaño es el corazón ganadero de un pueblo que, sin él, perdería parte de su vida y de su historia.
La ganadería está integrada en la IGP Lechazo de Castilla y León, en la Asociación Nacional de Criadores de Ovino Churro (ANCHE) y en la cooperativa Agropal, lo que le permite asegurar calidad, trazabilidad y reconocimiento a un producto que, detrás de su sabor, encierra el esfuerzo diario de un pastor que vive y trabaja al ritmo de sus animales y de la tierra.